Revista Ciencia

El documento prehispánico que hoy denominamos Códice Colombino fue adquirido en 1891 por un grupo de destacados historiadores reunidos a instancias de Porfirio Díaz para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América. A dicho grupo se le conoce como la Junta Colombina, integrada por personalidades como Alfredo Chavero, Joaquín García Icazbalceta, Francisco del Paso y Troncoso y José María Vigil, entre otros.

El códice pertenecía a la valiosa colección de antigüedades de José Doremberg, y si bien la Junta Colombina da a conocer en 1892 el manuscrito que llevará el nombre del navegante genovés, no por ello este importante documento era enteramente desconocido para algunos estudiosos de la época. En efecto, Alfredo Chavero tuvo en su poder el códice mixteco como parte de su colección particular, pero posteriormente tuvo que venderlo junto con otros dos códices que también le pertenecieron y que hoy en día se conocen como Códice Dehesa y Códice Ciclográfico, éste último una falsificación de la época (Chavero, 1901, págs. 4-5).

La historia del Códice Colombino antes de su adquisición por la Junta es un tanto oscura, pues únicamente la conocemos a través de lo publicado por Chavero en el texto de Antigüedades Mexicanas (1892) y posteriormente en un volumen denominado Pinturas Jeroglíficas, que está integrado por reproducciones de códices falsificados.

Según nos dice Chavero, el Colombino pertenecía al señor Doremberg, un comerciante alemán que vivía en la ciudad de Puebla, quien lo había comprado a un mercader de antigüedades sin que se supiera más sobre su origen (Antigüedades Mexicanas, 1892, pág. X). Sin embargo, años después, el propio Chavero confiesa que el Códice Colombino había sido de su propiedad y que en 1863 estaba en manos del licenciado Manuel Cardoso (Chavero, 1901, págs. 4-5). Chavero continúa la historia señalando que para 1869 un corredor llamado Primitivo Sobrino estaba encargado de vender el manuscrito a consecuencia de la muerte de Cardoso, pero el mismo Chavero dice que se lo compró a la viuda de Cardoso junto con dos manuscritos más, el Códice Dehesa y el Ciclográfico (Chavero, 1901, págs. 4-5).

Es posible que desde su elaboración en la época prehispánica hasta por lo menos principios del siglo xviii, el Códice Colombino permaneció en manos de los señores de Tututepec, logrando así conservarse en México un documento de suma importancia para la historia mixteca

Nos llama la atención el hecho de que Alfredo Chavero no haya publicado esta información sobre la historia del Códice Colombino en el texto de las Antigüedades Mexicanas aparecido en 1892, sino que hasta 1901 dio a conocer esta serie de noticias sobre su adquisición del códice. Pensamos que la desafortunada publicación de los códices que pertenecían a su colección fue el detonante de su confesión, pues al dar a la luz el Códice Ciclográfico que él reputaba como legítimo, le trajo como consecuencia severas críticas y un amplio rechazo por algunos estudiosos de la época, particularmente de Francisco del Paso y Troncoso.

Chavero, con el afán de comprobar la autenticidad de su manuscrito, revela con mayores detalles la historia del Colombino, pues, como ya mencionamos, perteneció a Cardoso junto con el Dehesa y el Ciclográfico. No obstante, el propio Chavero no pudo conservar sus códices, ya que tuvo que venderlos a Francisco Iturbe, quien posteriormente los dejó en manos del corredor José María Pérez. Finalmente, Pérez vendió dos códices en Puebla y uno en Veracruz. En Puebla, el Colombino fue adquirido por Doremberg y, en Veracruz, Teodoro Dehesa compró el códice que hoy lleva su nombre.

De ser veraces las noticias escritas por Chavero acerca del Colombino, tenemos al menos documentada una parte de la historia del códice en casi tres décadas del siglo xix; pero, ¿qué sabemos del códice en una etapa anterior? ¿Cuál es la historia del manuscrito desde su elaboración en la época prehispánica hasta que lo poseyó Cardoso en 1863?

Desafortunadamente existen muy pocos datos para poder reconstruir con precisión qué sucedió con el códice durante tantos años. Sin embargo, Mary Elizabeth Smith, con base en documentos coloniales, logró encontrar que el manuscrito aún pertenecía a los caciques de Tututepec, en la Mixteca de la Costa, por lo menos hasta 1717 (Caso, 1966, pág. 54). De acuerdo con el análisis que realiza de las glosas escritas en mixteco en las 24 páginas del Colombino, Smith plantea que el documento prehispánico fue convertido en una especie de “mapa escrito” que sirvió como título de propiedad para salvaguardar las tierras y linderos que pertenecían al señorío de Tututepec al momento de la conquista española (Caso, 1966, pág. 53). Según el estudio de esta autora, las glosas en mixteco debieron haberse escrito alrededor de 1541, pues este año aparece anotado en la última página del códice (Caso, 1966, pág. 68).

Como acabamos de mencionar, las glosas registran nombres de linderos de varios pueblos de la Mixteca de la Costa que fueron sujetos o pertenecieron al señorío de Tututepec en 1541, y como el códice fue considerado un título de propiedad por los caciques de Tututepec, uno de ellos, don Agustín Carlos Pimentel de Guzmán, lo presentó en 1717 en un litigio contra el pueblo de San Miguel Sola por la posesión de algunos terrenos.

Por lo tanto, es posible que desde su elaboración en la época prehispánica hasta por lo menos principios del siglo xviii, el Códice Colombino permaneció en manos de los señores de Tututepec, logrando así conservarse en México un documento de suma importancia para la historia mixteca. Queda aún por investigar el destino del códice antes de pasar a la colección de Cardoso, pero al menos existen ya algunas pistas.


Breve descripción del Códice Colombino

El documento se compone de 24 páginas o láminas con una medida de 19.5 por 26 centímetros cada una y una extensión total de 6.06 metros. Está elaborado en piel de venado y doblado en forma de biombo. Su estado de conservación es delicado, debido a que todo el manuscrito sufrió de un deterioro intencional provocado durante la época colonial. Presenta una serie de raspaduras, abrasiones y alteraciones que tuvieron la intención de hacer desaparecer información que pudiera ser mal interpretada por las autoridades españolas.
Sin embargo, a pesar de tales deterioros, conserva un estilo muy bello que quizá nos indique el origen de una tradición pictórica que no continuó en toda la Mixteca durante los siglos cercanos a la conquista. Aunque también es necesario decir que la tradición costeña de donde viene el códice pudo haber sido la más rica en estilo y en iconografía, lo que marcó distintivamente al Colombino y lo hace diferente de sus compañeros prehispánicos.

Los contenidos del Códice Colombino

Desde el momento de su adquisición por la Junta Colombina, el códice de Tututepec fue considerado un calendario ritual que describía las fechas de las festividades de varias ceremonias religiosas. Incluso, el propio Chavero interpretó algunas escenas como periodos de 1040 años formados por árboles direccionales (Antigüedades Mexicanas, 1892., pág. XI).

Esta visión calendárica sobre el contenido del Colombino se halla complementada por los comentarios de Eduard Seler, quien lo consideró un documento religioso o mitológico, donde el personaje principal representado en el códice fue identificado como un dios por el sabio alemán.
Sin embargo, no todos los estudiosos de principios del siglo xx vieron en el Colombino aspectos de carácter religioso o calendárico. Efectivamente, en 1910 un maestro mixteco llamado Abraham Castellanos publicó una leyenda inspirada en las pictografías del códice. Su texto lleva por título El rey Iukano y los hombres del Oriente, y en él Castellanos escribe la historia de un rey-sacerdote que es destronado por un grupo de misteriosos viajeros que lo obligan a huir hacia la región del Poniente (Castellanos, 1910, y Jansen, 1987, págs. 71-89).

Desde luego que la lectura de Castellanos sobre el Códice Colombino es errónea y se encuentra cargada de fantasías y de una inexacta comprensión de los glifos, pero si ubicamos la obra en el contexto adecuado de su tiempo, resulta una interesante narración de tintes históricos y épicos que nos permite revalorar la interpretación de Castellanos como un notable avance en el descubrimiento del carácter narrativo del códice y de una visión global de un relato del pasado mixteco (Jansen, 1987, pág. 86).

Hoy sabemos, sin lugar a dudas, que el contenido temático del Códice Colombino es eminentemente histórico y que trata sobre la vida de un destacado gobernante llamado 8-Venado “Garra de Jaguar”. Podemos decir, en términos modernos, que el Colombino es una auténtica biografía de uno de los más importantes señores y guerreros que vivieron en la Mixteca prehispánica entre los siglos xi y xii (1063-1115, según las correlaciones más modernas), y que a pesar de no haber sido un legítimo heredero al trono de Tilantongo, pudo convertirse en soberano de los dos más importantes cacicazgos de la Mixteca prehispánica: Tututepec en la Mixteca de la Costa y Tilantongo en la Mixteca Alta.

Las hazañas militares, rituales y políticas de 8-Venado quedaron registradas no solamente en el Códice Colombino, sino también en códices tan importantes como el Bodley, Vindobonensis reverso y Nuttall.

Presenta una serie de raspaduras, abrasiones y alteraciones que tuvieron la intención de hacer desaparecer información que pudiera ser mal interpretada por las autoridades españolas

El Códice Colombino ha sido objeto de diversos estudios modernos que han logrado descifrar y reconstruir la historia y las conquistas del gran gobernante mixteco (Caso, 1966, y Troike, 1974). No obstante, consideramos que aún existen escenas y contenidos cuya significación exacta no ha sido todavía bien comprendida por parte de los especialistas. Si bien es verdad que la narración pictórica plasmada en el Colombino es completamente histórica, queremos destacar también los aspectos rituales y mágico-religiosos plasmados en algunas láminas del documento que merecen un estudio aún más profundo que el que abordaremos aquí.

Aspectos religiosos y rituales

Existe un pasaje en la historia de 8-Venado que no se encuentra narrado en otros códices que también tratan sobre su vida, como el reverso del Códice Nuttall y algunas páginas del Bodley; de acuerdo con el Colombino, el episodio comienza en la página IX con la llegada de un importante personaje que viste atuendos de tipo sacerdotal y culmina con el viaje de cuatro señores que visitan a 8-Venado. Esta serie de escenas son interpretadas por Caso como una expedición mágica en la que 8-Venado realiza una serie de pruebas y autosacrificios que finalmente lo conducirán a un matrimonio que necesita la venia de un personaje poderoso (Caso, 1966, págs. 28 y 29).

Sin embargo, un análisis detallado de dichas escenas nos lleva a la conclusión de que el señor 8-Venado casi no aparece en estas páginas, sino que se encuentran representados otros personajes cuya identidad no fue identificada por Caso.

En primer lugar, el personaje que porta atuendos de carácter sacerdotal, quien además lleva pintura facial en color negro a modo de antifaz y un largo báculo o bastón, no es el propio 8-Venado en actitud de peregrino, como lo señaló Caso, sino que se trata de un emisario de origen nahua o tolteca que llega a la Mixteca a dirigir una serie de rituales. La identificación de dicho personaje como nahua o tolteca se desprende de la interpretación del “antifaz negro” como una lectura en mixteco de Sami nuu o “quema la cara”, “quema el ojo”, el gentilicio que los mixtecos utilizaban para referirse a los nahuahablantes (Jansen, 1989, pág. 71).

El emisario tolteca, cuyo nombre por cierto no se menciona en el códice, parece enseñar o instruir a un curioso personaje que también fue confundido con 8-Venado por Alfonso Caso. Se trata de un individuo jorobado, completamente pintado de negro, que realiza una serie de actos rituales a petición o instancias del sacerdote nahua (véase Figura 1). Debido al estado tan deteriorado y destruido del Colombino, no había podido ser identificado este personaje por parte de Caso, pero una observación detallada de las modernas fotografías digitalizadas del códice nos llevó a descubrir que se trata de un hombre llamado 10-Viento y cuyas actividades sacerdotales lo llevaron a efectuar una importante empresa religiosa (véase Figura 2).

Según menciona nuestro códice, el hombre jorobado hace un autosacrificio al perforarse las orejas con un hueso puntiagudo, y su sangre es depositada en algunas ramas y espinas delante de un altar cuya imagen está hoy destruida (véase Figura 3). Posteriormente, el mismo jorobado se encuentra agachado a la orilla de un río, en el que parece beber un líquido espumoso constituido por pequeñas volutas o líneas curvas. Esta forma de representar una consistencia espumosa es muy parecida a las imágenes que existen en los códices sobre el pulque, pero nos llama la atención que esta espuma esté dibujada en medio del agua con un color más grisáceo (véase Figura 1). Caso pensó que se trataba de agua sulfurosa y que constituía una prueba por la que pasó 8-Venado.

Enseguida, el señor 10-Viento entra a una enorme cueva a través de una oquedad colocada al pie de una montaña en la que seguramente realizó prácticas ascéticas y de autosacrificio, para culminar así con su preparación sacerdotal (véase Figura 4).

Una vez llevados a cabo estos rituales, el señor 10-Viento recibe del emisario tolteca una soga y un hacha junto con una vestimenta de color rojo (véase Figura 5). Pero las actividades de 10-Viento no culminan aquí, pues poco después lo encontramos dirigiendo ahora a un nuevo personaje para que beba agua de una fuente o cascada, mientras que el señor tolteca visita a otro individuo oculto dentro de una cueva, pero cuya identidad desconocemos debido al gran deterioro que existe en esta sección del códice (véase figura 6).

Parece ser que la función del jorobado 10-Viento era convertirse también en un emisario y acompañante del señor tolteca, pues lo vemos implicado en una reunión que tuvo como consecuencia un largo viaje en el que también participa el señor tolteca. La única mención a 8-Venado en estas páginas se encuentra en la franja superior de la página 10, en donde encontramos al protagonista del códice vestido como Serpiente de Fuego o Yahui, junto con la diosa 9-Caña, quien parece recibir algunas ofrendas y entregarle a 8-Venado un escudo y una flecha (véase Figura 7).

Sin embargo, esta aparición de 8-Venado parece incidental dentro del relato que hemos estado analizando, pues enseguida de esta escena se representa el año 7-Casa y el inicio de un largo viaje encabezado por el señor 10-Viento, el emisario tolteca y un individuo que lleva a cuestas a una mujer cuya cabeza se asoma por la bolsa que trae a sus espaldas (véase Figura 8). El viaje culmina frente a un personaje importante que se encuentra delante de un palacio y cuyo nombre era seguramente 4- ¿? (el signo del día fue cuidadosamente borrado). Este señor lleva también un antifaz sobre su rostro, del mismo modo que el emisario que ya señalamos (véase Figura 9).

Como ya dijimos, Caso pensó que esta parte del códice se refiere a un matrimonio de 8-Venado y que solicita la venia del gran señor del palacio para realizarlo (Caso, 1966, pág. 29). Sin embargo, a nuestro parecer, tal casamiento no existe, pues en ningún otro códice se menciona a tal esposa (situación que reconoce Caso), ni el propio documento nos aporta elementos para considerarlo así. Estamos por lo tanto, ante un conjunto de escenas que tienen otra explicación en el contexto de los rituales llevados a cabo por el jorobado 10-Viento y la intervención de los señores toltecas.

Efectivamente, la mención del emisario tolteca cabe, dentro de la narración del códice, como un acontecimiento previo a la visita que realizan cuatro importantes personajes enviados por un señor llamado 4-Jaguar, rey sacerdote de Tollan-Cholollan, la Tula de su tiempo, para que se entrevisten con 8-Venado (véase Figura 10). La visita de los cuatro emisarios está bien documentada en códices como el Nuttall y el Bodley, y forma parte de una extraordinaria alianza que se forja entre el gobernante mixteco y el señor cholulteca. Es muy probable, entonces, que el primer contacto entre 8-Venado y 4-Jaguar se realizara mucho antes de lo que habíamos imaginado antes. Precisamente, el papel jugado por el primer emisario llegado a la Mixteca y el jorobado 10-Viento, quien posiblemente era un sacerdote escogido por 8-Venado, fue de gran importancia para que se efectuara este primer encuentro. La ardua preparación ritual de 10-Viento tuvo como recompensa su destacada intervención en un asunto político y religioso de gran peso: trasladarse desde la Mixteca hasta la ciudad de Cholula llevando consigo a la diosa 9-Caña hasta el palacio del señor 4-Jaguar.

La mujer llevada a cuestas por uno de los emisarios-sacerdotes era probablemente una representante de la diosa, quien se presentó ante 4-Jaguar para entregarle una serie de ofrendas y comenzar así una sólida alianza que se consolidaría con la visita de los cuatro enviados y un importante juego de pelota entre 8-Venado y uno de los señores toltecas. En la franja superior de la página 12, se observa la figura de una mujer frente al personaje identificado como 4-Jaguar (Figura 9), quien parece recibir un conjunto de ofrendas de parte de los visitantes.

La identificación de la diosa 9-Caña en esta escena es un tanto hipotética, debido a que no es posible ver el nombre de la mujer entre las raspaduras del códice, pero encontramos punto de apoyo con la mención en el propio códice de una reunión entre esta deidad y 8-Venado un poco antes de que se pusieran en marcha los sacerdotes-emisarios.

Consideraciones finales

Como pudimos observar, todavía hacen falta mayores estudios para llegar a comprender manuscritos mixtecos tan importantes como el Códice Colombino. El análisis presentado aquí constituye un nuevo esfuerzo de reinterpretación de los glifos con el apoyo de nuevos soportes visuales que nos ayuden a entender un poco más la compleja naturaleza de los códices mixtecos. De acuerdo a este manuscrito, las prácticas rituales tenían también un peso muy importante en la vida política de los antiguos mixtecos. Es curioso resaltar que en el Códice Colombino los aspectos religiosos tuvieron un papel equivalente a las hazañas militares, mientras que otros manuscritos resaltan el carácter militar por encima de los rituales. El Colombino no solamente muestra las grandes actividades de 8-Venado, sino también intercala personajes, sacerdotes y deidades que intervinieron de alguna manera en el decurso de los hechos. De esta manera, religión y política eran comprendidas como parte de una misma realidad que difícilmente se podía separar.

Bibliografía

Antigüedades Mexicanas, publicadas por la Junta Colombina de México en el Cuarto Centenario del Descubrimiento de América (1892), México, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento.

Caso, Alfonso (1966), Interpretación del Códice Colombino y las glosas del Códice Colombino por Mary Elizabeth Smith, México, Sociedad Mexicana de Antropología.

Castellanos, Abraham (1910), El rey Iukano y los hombres del Oriente, Oaxaca.

Chavero, Alfredo (1901), Pinturas Jeroglíficas, 2a. parte, México, Imprenta del Comercio de Juan E. Barbero. Jansen, Maarten (1987), “Dzavuindanda, Ita Andehui y Iukano, Historia y leyenda mixteca”, Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 42, págs. 71-89.

Jansen, Maarten (1989),“Nombres históricos e identidad étnica en los códices mixtecos”, Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 47, págs. 65-87.

Troike, Nancy (1974), The Codex Colombino-Becker, Ph. D. dissertation, Londres.

 

Manuel A. Hermann Lejarazu es doctor en estudios mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es investigador en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, unidad Distrito Federal. Se especializa en el estudio y análisis de códices y documentos del área mixteca, tanto de la época prehispánica como del periodo colonial. Ha recibido la mención honorífica en el Premio “Francisco Javier Clavijero” 2004 del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
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