Los números con antigüedad mayor de un año son de libre acceso.






El control de la corrosión en la industria electrónica

El 28 de abril de 2006 se renovó el Consejo Directivo de la Academia Mexicana de Ciencias (amc). Tengo el honor de presidirlo y la fortuna de verme acompañado durante los próximos dos años por un distinguido grupo de colegas: los doctores Rosaura Ruiz, José Franco y Mari Carmen Serra Puche, quienes resultaron electos en la votación más copiosa en la historia de nuestra organización, y por el doctor Osvaldo Mutchinick, a quien he designado como segundo secretario.

El presente Consejo Directivo muestra una composición balanceada de capacidades en las llamadas ciencias duras, en las ciencias sociales y en las humanidades, así como un perfecto equilibrio de género, lo que garantiza una visión amplia e incluyente de las cuestiones que nos atañen como organización vocera de la comunidad científica mexicana.

Nos acercamos al final de un sexenio que despertó grandes expectativas, con la aprobación de la Ley de Ciencia y Tecnología y del acuerdo legislativo para invertir el uno por ciento del producto interno bruto en investigación, desarrollo e innovación. La realidad resultó muy pobre, puesto que la inversión no sólo no aumentó, sino que disminuyó considerablemente. Es cierto que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología mantuvo los programas de becas para posgrado y que creció el número de miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Sin embargo, los fondos sectoriales y mixtos, así como los estímulos fiscales a las empresas, no significaron un incremento de recursos frescos para la investigación.

Al asumir la presidencia de la amc estoy obligado a sopesar las opciones de futuro, pero no por ello a disminuir nuestra labor de convencimiento ante las autoridades gubernamentales, actuales y futuras, para lograr que la investigación y el desarrollo sean adoptados en una verdadera política de Estado, y que la investigación y el desarrollo sean reconocidos y aprovechados como un bien social. Todos estamos convencidos de que la comunidad científica mexicana tiene mucho que decir y mucho que aportar para avanzar en la solución de los numerosos y complejos problemas que nos aquejan como nación. Hemos argumentado con insistencia acerca de la necesidad de ensamblar una columna vertebral para el crecimiento económico basada en la educación, la investigación, el desarrollo y la innovación.

La obligación del Estado para invertir en investigación y desarrollo es insoslayable. La tendencia actual a la baja debe revertirse con una inversión creciente año con año. Por ello, la amc continuará su labor de convencimiento ante las personas que toman las decisiones con el fin de lograr el incremento de la inversión pública en investigación y desarrollo. Al mismo tiempo, se debe cuidar la inversión de las empresas, promovida a través de estímulos fiscales, para asegurar que esos recursos se utilicen efectivamente en apoyo de la investigación.

Pondré todo mi empeño y capacidad para lograr que la amc realice un trabajo equilibrado e incluyente. Reafirmo mi convicción de trabajar por una ciencia mexicana comprometida con la búsqueda de la verdad, así como con la prosperidad y el bienestar de la sociedad que la sustenta. Una ciencia mexicana con un claro compromiso social.