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Desde el Comité Editorial

Probablemente no exista en el universo palabra alguna que emocionalmente nos mueva más que ella, ya sea porque felizmente lo practicamos, porque desafortunadamente lo hemos dejado de hacer y –aún así– porque la evocación de la experiencia pasada nos llena de alegría la mayor parte de las veces. No en balde la naturaleza concibió tal actividad como señuelo y recompensa, para invitarnos a reproducirnos, que es, probablemente, lo más importante para una determinada especie, como la nuestra. En este contexto, no resulta entonces sorprendente que bajo la óptica de algunos, el sexo sea el motor que mueve y modula nuestra conducta, y que para otros, la desviación de su objetivo original sea motivo de inquietud moral, sin dejar de contar, por supuesto, con que desde el punto de vista de la economía, el sexo “vende”. 

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